Jun 20

Astrónomos ancestrales (parte 2)

Grecia

Las culturas más antiguas que se conocen como Babilonia y Egipto legaron al mundo una gran cantidad de conocimientos que fueron la base para la formación de lo que ahora conocemos como la civilización humana. La agricultura, la ganadería, la minería, la navegación, el arte, etc. fueron su mejor herencia. Otros pueblos, en épocas posteriores, fueron incrementando esos saberes y nuevos modos de relaciones sociales y económicas. Pero, sin duda, fueron los griegos los que dejaron su huella más profunda en la formación del mundo occidental y en sus conocimientos.

En relación con la astronomía y la ciencia en general, los griegos crearon una manera diferente de pensamiento, una “mentalidad científica”. Por primera vez entendieron los fenómenos celestes por sí mismos, sin relación con creencias religiosas, supersticiones o profecías: una auténtica revolución del pensamiento. El enfoque científico, al igual que la filosofía, se manifestó por primera vez en la cultura griega, en el siglo VI a.C. Hasta ese entonces, los mitos y relatos populares eran aceptados sin ponerlos en tela de juicio o un análisis crítico. Ellos la reemplazaron por la exigencia racional de la argumentación a partir de evidencias que se puedan constatar. Esa herencia del pensamiento griego es el fundamento de la cultura moderna: la concepción de que el universo obedece a unas leyes naturales básicas permanentes que es posible entender mediante el ejercicio de la razón. La astronomía y la física modernas siguen este esquema. Otra característica de los griegos es que ellos basaron su comprensión de los fenómenos celestes en la geometría y la especulación filosófica, mientras que los babilonios lo habían fundado en la aritmética y la observación. A raíz de las conquistas de Alejandro Magno los griegos conocieron la astronomía de los babilonios y unieron ambos saberes: la astronomía griega, geométrica y especulativa se unió a la babilónica, aritmética y observacional. Esta fusión produjo ese nuevo tipo de pensamiento, la experimentación empírica (observación y prueba) y la razón abstracta (meditaciones filosóficas con base en el raciocinio).

La ciudad de Alejandría, en el delta del río Nilo, se convirtió, luego de la caída de Atenas, en la capital del conocimiento y la ciencia griega. Varios sabios, en especial los que pertenecieron a la llamada “Escuela de Alejandría”, destacaron nítidamente y nos legaron sus grandes conocimientos. Aquí algunos de ellos.

  1. Aristarco de Samos (310 – 230 a.C.) Fue el primer heliocéntrico y se adelantó en 18 siglos a Copérnico. Analizó profundamente las teorías de su época, que por influencia de Aristóteles, se creía que el firmamento era una serie de esferas concéntricas con la Tierra en el centro y los planetas y el sol ubicándose cada uno en una esfera. Aristarco buscó otro modelo más acorde con sus observaciones que demostraban otra realidad diferente. Calculó la distancia de la Tierra a la Luna y de la Tierra al Sol con una aproximación notable. Concluyó, por comparaciones, que el Sol era mucho más grande que la Tierra y que nuestro planeta, a su vez, era más grande que la Luna. Hasta su época nadie antes había planteado tal evidencia. Como consecuencia de estos descubrimientos pensó que un cuerpo menor siempre gira en torno a un objeto más grande y no a la inversa. Con esta idea cambió, por primera vez, el concepto de un sistema solar geocéntrico por uno heliocéntrico, con el Sol al centro. Aristarco no fue tomado en serio, sus ideas chocaban con todo lo que se creía en aquella época, eran demasiado revolucionarias para su época.
  2. Eratóstenes (c.276 -195 a.C.) Nació en Cirene, actual territorio de Libia. Tomó los conocimientos de Aristarco acerca de la forma y tamaño de la Tierra, que en ésa época era desconocido y hasta dudoso, por las ideas imperantes de que la Tierra era plana. Hizo los cálculos más sorprendentes y audaces de la historia. Se dio cuenta, con la ayuda de sus colaboradores, que al medio día del solsticio de verano (21 de junio en el norte) en la ciudad de Siena (actual Asuán, Alto Egipto) el Sol se hallaba justo en el cenit del cielo, formando una línea vertical, mientras que en Alejandría, ese mismo día y a la misma hora, una columna puesta verticalmente hacía sombra. Midió el ángulo de la sombra y con la distancia entre Siena y Alejandría, que era de unos cinco mil estadios (medida usada en ésa época) pudo calcular, usando la trigonometría, el tamaño de la circunferencia de la Tierra. La cifra que obtuvo solo falló en un 1% de la actual medida que es de 40,074 Km en el Ecuador.
  3. Hiparco de Nicea: No se sabe mucho de su vida. Solo se conoce su obra (también desaparecida) a través de los trabajos de Ptolomeo, un astrónomo muy posterior, que lo reconoce y lo cita innumerables veces en su libro “El Almagesto”. Tomó sus cálculos y estudios que había hecho sobre los planetas, el Sol, las estrellas, etc. Se le considera a Hiparco como el más grande astrónomo de Alejandría y toda la antigüedad.

Los cálculos de Hiparco fueron producto de registros astronómicos dejados por los babilonios escritos en tabletas de arcilla cocida y traídos por los ejércitos de Alejandro Magno. Además que sus observaciones, muchos años después de los babilonios, le sirvieron para hacer comparaciones de las ubicaciones de las estrellas y planetas en largos períodos de tiempo. Su mayor descubrimiento fue la “Precesión de los Equinoccios” que es el desplazamiento lento y gradual del eje de la Tierra y determina que las posiciones de las estrellas del cielo cambian de ubicación a lo largo del tiempo. Hizo también el primer catálogo de estrellas ubicando en un mapa celeste 850 estrellas brillantes. Clasificó a las estrellas según su brillo, de la primera a la sexta magnitud, escala que todavía se usa en la actualidad aunque con algunas mejoras.

La destrucción de la Biblioteca de Alejandría aproximadamente en el año 270 d.C. por turbas fanáticas cristianas nos privó de conocer toda la magnitud de su obra y de otros sabios de la antigüedad.

¿Qué pasó después?, ¿Por qué la astronomía se “estancó” por más de mil años?, ¿Nadie más estudió el firmamento?

Ahora nos parece increíble saber que los sabios griegos ya conocían o intuían muchos de los saberes actuales. Lo que sucedió después, y por más de 13 siglos, es un tema que hay que conocer y meditar.

Con el advenimiento de la religión católica, convertida en la “religión oficial del Imperio Romano”, en el siglo IV d.C., todo cambió en el mundo del conocimiento. Según las interpretaciones oficiales (dogmas) que la Iglesia hizo de la Biblia, nosotros éramos la creación suprema de Dios y la Tierra su lugar elegido. Por lo tanto, el hombre era la culminación de la creación (antropocentrismo) y la Tierra ocupaba el centro del universo (geocentrismo). Ya no era importante la investigación y el estudio porque todas las respuestas estaban en las escrituras. Para quienes se atrevían a cuestionar los dogmas tenían el libro de Claudio Ptolomeo “El Almagesto” que “demostraba” el geocentrismo y el ordenamiento de los planetas y las estrellas conforme al gusto de la Iglesia. Por supuesto, ese libro estaba plagado de errores.

De ese modo la investigación astronómica quedó estancada por más de 1,300 años. Tardó mucho tiempo demostrar los errores de Ptolomeo para dar paso, con muchas dificultades (muertes y persecución) al conocimiento que nos llegó de manos de Copérnico, y después Galileo, Kepler, y muchos otros hasta llegar a lo que hoy sabemos en astronomía.

Erwin Salazar
Director Científico de Planetarium Cusco

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